¡Emergencia Educativa!: Educación o pobreza

A estas alturas, de lo que no cabe duda es que no existe inversión más social que invertir en educación y que la capacidad de generar riqueza de un país está directamente relacionada con la capacidad competitiva de su capital humano. No es una opinión personal, sino un dato científico que el Nobel de Economía James Heckman certificó al demostrar que invertir en educación en edades tempranas era mucho más rentable que hacerlo en mercados financieros. Más recientemente, en el año 2019, Banerjee y Duflo recibieron el premio Nobel de Economía tras situar a la educación como elemento central para paliar la pobreza en el mundo.

Por tanto, el principal reto al que se enfrenta Europa en general y nuestro país de forma especial está en desarrollar las políticas educativas adecuadas que nos permitan competir para mantener nuestro maravilloso Estado de Bienestar que tanto trabajo costó construir a nuestras generaciones anteriores. Para hacer esto posible, la población activa que trabaja en el sector privado tiene que tener el nivel competitivo adecuado para producir y transaccionar el número de bienes y servicios suficientes para que, vía impuestos, el Sistema Público recaude los flujos de caja necesarios para poder mantener y mejorar todos nuestros servicios públicos. Por tanto, sin un sector privado fuerte y competitivo será imposible mantener nuestros servicios públicos. Y claro está que la capacidad competitiva de nuestras empresas está directamente relacionada con el nivel educativo y formativo de su capital humano. Por tanto, el sistema educativo emerge claramente como el actor principal para desarrollar las dinámicas deseadas de generación de riqueza de un país.

Soy muy consciente de que esta breve reflexión es una obviedad y, probablemente, excesivamente simplona, pero cuando veo en algunos sectores de la población tanta beligerancia hacia el sector privado y tanta pasividad para afrontar una reforma educativa estructural de calado, me pregunto si esas personas se han olvidado de lo obvio, o si es que están exclusivamente en el “¿el qué hay de lo mío aquí y ahora?”, y les importa un carajo lo que le ocurra a su país en el corto y en el largo plazo. Veamos si soy capaz de dejarlo claro en cuatro párrafos:

A.- El sector público se alimenta directamente de lo que el sector privado es capaz de generar. Por tanto, cuidemos, potenciemos y ayudemos al sector privado para que sea capaz de generar cada vez más riqueza.

B.- El nivel competitivo de un país depende del nivel formativo de las personas que lo conforman, cuestión directamente relacionada con su capacidad potencial de generación de riqueza.

C.- A mayor nivel educativo de un país, mayor solidaridad, tolerancia, inclusividad e igualdad de oportunidades. La educación es el principal antídoto contra los fanatismos, radicalismos y las políticas identitarias.

D.- Para paralizar el crecimiento de la brecha social que se está generando en la mayoría de los países occidentales, la primera acción debería ser cerrar la brecha competitiva entre la educación privada y la pública. Necesitamos una educación gratuita y universal de máximo nivel, otra cuestión muy distinta es si los gestores de la misma tienen naturaleza pública o privada.

Con todo, en este punto de la reflexión creo que no exagero si afirmo que actualmente España se encuentra en un estado de Emergencia Educativa. Tenemos un sistema educativo obsoleto y anclado en el pasado. La disrupción tecnológica está cambiando el mundo en el que vivíamos a una velocidad inaudita, modificando nuestros estilos de vida, nuestros hábitos e incluso cuestiones más profundas y estructurales como la moral. Por ello, tenemos que ser conscientes de que no estamos viviendo una época de cambios, sino un cambio de época como el que vivieron nuestros antepasados en la época del Renacimiento o de la Ilustración. Y ¡sí!, todo está cambiando excepto la Educación. Seguimos educando con metodologías de la Revolución Industrial en las que se buscaba al hombre máquina, aquel que era capaz de realizar trabajos repetitivos y lineales durante horas. Pero ahora, con el desarrollo de la computación y la inteligencia artificial ya son las máquinas y los robots quienes se encargan de realizar estos trabajos rutinarios, por lo que ahora necesitamos personas creativas, sensibles, empáticas, líderes capaces de trabajar en equipo y resolver problemas complejos.

Necesitamos urgentemente desarrollar políticas educativas encaminadas a generar una revolución de la educación a toda prisa, pues la mayoría de los países con los que competimos están fuertemente orientados a ello, especialmente Estados Unidos y China. Desde mi punto de vista, yo empezaría por realizar reformas profundas y de calado en 5 grandes ejes estratégicos, para posteriormente ir pormenorizando en otros más operativos. A grandes rasgos estos son:

Primero, desarrollar políticas educativas encaminadas a provocar una transformación cultural tanto del discente como del docente en todas las etapas de la educación obligatoria, generando empatía y amigabilidad hacia el emprendimiento y las tecnologías, especialmente hacia las matemáticas, el lenguaje computacional y la robótica. Para ello, sería clave introducir en los currículums de primaria y secundaria estas áreas de conocimiento como obligatorias.

Segundo, legislar para flexibilizar y acelerar todos los procedimientos de creación o modificación de los currículums académicos. Es insostenible que la media de duración para que una universidad pueda acreditar un título universitario sea de 4 años o que en la Formación Profesional los centros educativos ni siquiera tengamos la opción de proponer y acreditar titulaciones.

Tercero, trasladar la capacidad de elección de centro educativo a las familias, de manera  que el acceso a la educación obligatoria sea universal y gratuito; creo que en cualquier democracia madura ya nadie es capaz de ponerlo en duda. Otra cuestión muy distinta, es que el Estado decida por ti de forma obligatoria dónde tienes que formarte. Esta situación ha generado una ausencia de competitividad y meritocracia entre los centros que ha ido anestesiando a nuestro sistema educativo, haciéndolo cada vez más obsoleto y rígido. Sería clave dar libertad de elección a los alumnos y crear sistemas de auditoría para generar controles de calidad y ranking entre centros educativos. Es totalmente irrelevante que un alumno esté estudiando en un centro de gestión privada o pública. Lo que realmente es relevante es que, por un lado, el alumno y su familia lo hayan elegido libremente y, por otro, que todos los centros estén sometidos a controles de calidad y auditorías continuas para asegurar la buena praxis y los estándares de calidad de los mismos.

Cuarto, desarrollar dentro del profesorado un sistema de control de calidad e incentivos con el que continuamente todos los docentes estuvieran en revisión y análisis. El docente es el motor del sistema educativo y su formación continua y adaptación a la realidad del mercado es clave para ofrecer una enseñanza de calidad.

El quinto y último, profesionalizar la elección de los puestos de gestión y dirección de los centros y crear un sistema de control e incentivos por la gestión de los mismos. No tiene sentido que la elección de las personas que dirigen y gestionan los centros educativos sea decidida por los trabajadores del centro y que no se les exija un mínimo de formación en gestión y administración para desarrollar dicho puesto.

Estaremos de acuerdo con que estos cinco primeros ejes estratégicos son matizables y que probablemente no sean para muchos de vosotros los 5 principales por los que empezar una reforma educativa de calado, pero sí que es un primer esquema y un comienzo. En mi opinión, necesitamos urgentemente iniciar un debate de políticas educativas en esta línea y dejar de lado las fatigantes e insulsas cuestiones ideológicas en las que normalmente los diferentes partidos políticos centran el debate educativo. Tenemos la obligación de situar en dicho debate palabras como competencia, meritocracia, esfuerzo, innovación, refuerzo y libertad de elección, o seguiremos perdiendo competitividad en el mundo. 

Sin más, os deseo fuerza y salud para el camino.

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