¿POR QUÉ ENGORDAMOS? ¿EXISTEN OBESOS SANOS? ¿QUÉ ES REALMENTE LA OBESIDAD?

Existen obesos sanos

Y es que, en la mayoría de los casos continuamente hablamos del sobrepeso y de obesos desde una perspectiva que puede cometer el error de ser excesivamente simplista, reduciendo el problema a: un desequilibrio entre la ingesta y el gasto calórico, cuya diferencia de calorías se almacena mayoritariamente en forma de grasa en nuestros “tanques calóricos de reserva” llamados adipocitos. Históricamente el adipocito (célula encargada de acumular los excesos energéticos en forma de grasa en nuestro organismo) se entendía como una célula prácticamente inerte cuya función únicamente era la de reserva energética. Actualmente, existe un cambio de paradigma muy diferente a la primera concepción del adipocito, concibiéndolo como un complejo sistema excretor y endocrino cuyo funcionamiento afecta globalmente al funcionamiento del organismo. Permítanme una breve aproximación un poco más técnica que espero expresar con claridad. Cuando el adipocito comienza a incrementar su tamaño, como consecuencia de la acumulación de grasa, las células del adipocito más alejadas de los capilares comienzan a “asfixiarse” y mueren como consecuencia de la falta de aporte de oxígeno y nutrientes. Esta muerte celular activa la llegada de macrófagos a la célula adiposa que comienzan, a través de una serie de intermediarios bioquímicos, a segregar adipoquinas, sustancias que pasan al torrente sanguíneo y que generan un estado inflamatorio global del mismo. Esta inflamación comienza a generar problemas de captación de glucosa en sangre provocando situaciones de hiperglucemias (exceso de azúcares en sangre), con su consecuente hiperinsulinemia (exceso de insulina en sangre), que mantenidas a largo plazo en el tiempo genera apoptosis (muerte de las células) del tejido muscular y, la aparición de diabetes tipo II. Además, el adipocito inflamado y enfermo comienza a liberar ácidos grasos al torrente sanguíneo, los cuales comienzan a depositarse en zonas no aptas del organismo como las arterias, el hígado, el páncreas, etc. Esta lipotoxicidad genera un cuadro de colesterol y triglicéridos elevados en sangre que junto a los problemas de resistencia a la insulina y el estado de inflamación general es a lo que se le suele llamar síndrome metabólico. El adipocito ha pasado de ser una célula de reserva energética a una célula con funciones excretoras que influye a nivel global en el normal funcionamiento del organismo. Pero esto no termina aquí, las adiquinonas unidas a otras citoxinas provocan la secreción, a nivel del hipotálamo, de cortisol en sangre, lo cual incrementa todavía más la lipotoxicidad. Además, el adipocito es la célula responsable de la secreción de hormonas como la leptina o la resistina que, junto al glucagón son las principales responsables de la regulación circadiana del ciclo apetito/saciedad. Por tanto, a partir de este momento el adipocito es una célula cuya función es incrementar los depósitos de reserva energética en forma de grasa, un sistema excretor que influye a nivel global en el metabolismo energético del organismo y un sistema endocrino clave en la regulación del ciclo apetito/saciedad entre otras funciones endocrinas. Con todo esto, parece razonable pensar que una cuestión es la hipertrofia del adipocito, consecuencia del incremento de los depósitos de grasa en el organismo, y otra muy distinta, el que el adipocito funcione correctamente como aparato excretor y endocrino. Es decir, es posible que exista una persona con adipocitos hipertrofiados, en términos coloquiales “gorda”, pero muy vascularizados y con una función metabólica y  hormonal normal, es decir, que su funcionamiento no genere ningún desequilibrio. Por otro lado, podría existir una persona con un IMC y % graso normal pero con adipocitos, por ejemplo a nivel de la cadera, hipertrofiados y con una funcionamiento a nivel metabólico y hormonal totalmente descontrolados, es decir, con adipocitos enfermos. Por tanto, podemos decir que existen obesos metabólica y hormonalmente sanos y delgados metabólica y hormonalmente obesos ya que una cuestión es el engrosamiento o la hipertrofia de la célula adiposa, que genera un aspecto físico actualmente no deseado por los cánones de belleza implantados, y otra muy distinta que su funcionamiento, como sistema excretor y endocrino, sea normal o enfermizo.

Obesos sanos - Diabetes Tipo II

Ahora si estamos preparados para enfrentar la definición actual de obesidad que, al menos a mi juicio, me parece la más acertada “Es una enfermedad crónica multifactorial que implica un crecimiento de los adipocitos como consecuencia del incremento de la acumulación de grasa corporal desarrollando desequilibrios en el normal funcionamiento del mismo “. Van Gaal y Cols, (2014). En otra entrada hablaremos de los métodos de entrenamiento que se consideran actualmente óptimos para combatir la obesidad. Aunque no quiero dejar ésta sin apuntar que la obesidad, además del problema de desequilibrio de la homeostasis  metabólica y hormonal que suele llevar acompañada, conlleva siempre un desequilibrio a nivel volitivo y emocional, con lo que la participación de un psicólogo en el programa de entrenamiento es fundamental para que tenga éxito. Es posible que la intervención del psicólogo tenga incluso mucho más relevancia en la globalidad del programa que variables como el incremento de masa muscular o el gasto calórico post-ejercicio. Piensen, tal y como plantea mi amigo Justo López, que nosotros los preparadores, en un escenario favorable, tendremos al obeso realizando ejercicio con nosotros en sesiones de 1,5 a 2 horas, 4 veces a la semana. Teniendo la obligación de trabajar con ellos y entrenarles en el plano psicológico para que, el resto de las 160 horas a la semana que no está con nosotros, ayudarlo a enfrentarse en su día a día con una actitud activa y de control de la ingesta calórica.

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